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EL MAYOR PROBLEMA DE MI MATRIMONIO

Shirley y yo estamos viendo una serie en video del seminario enfocado al matrimonio, basado en el libro de Paul Tripp: ¿Qué estabas esperando? La segunda temporada del video fue muy convincente. En un aproximado de cuarenta diferentes maneras, Tripp comunica el mismo mensaje: “¡El mayor problema en mi matrimonio, soy yo!”

Todas nosotros, como esposos, cuando nos preguntan: ¿cuál es la razón de los problemas en tu matrimonio? Tendemos a contestar: “¡Mi cónyuge es la razón de los problemas en nuestro matrimonio!” “¡Es él!”, “¡Es ella!”

Todos somos lentos para aplicar Mateo 7:3-5, lentos para ver el tronco en nuestro ojo y lentos para enfocarnos en nuestras propias faltas. En vez de eso, somos prestos para ver la astilla en el ojo de nuestro cónyuge y ágiles para enfocarnos en él/ella como la causa raíz de todos nuestros pleitos y peleas matrimoniales.

Santiago plantea el gran dilema marital en 4:1-4:

¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿A caso no vienen de su interior – de sus deseos no satisfechos y de sus peticiones egoístas que batallan en su interior? Desean y piden su propia felicidad, su agenda, su propio reino pero si acaso obtienen lo que desean de su propio cónyuge.

Así que, en momentos de coraje y frustración, atacas a tu cónyuge, culpándolo(a) – tomas represalias: “¡Tú me lastimas, yo te la devuelvo!”. Tú codicias, tú manipulas: “Haré lo necesario para hacer que cumplas mis necesidades.” Pero sigues sin conseguir lo que buscas de tu esposo(a).

Esa es la razón de tus disputas y peleas. Tus problemas maritales radican en un tema espiritual, en tu corazón y en tu relación con Dios. No obtienes lo que quieres porque no pides a Dios con humildad. Por el contrario, sigues exigiendo sutilmente que se haga tu voluntad, y que venga tu reino.

Incluso cuando le pides a Dios, no recibes, porque pides mal y con egoísmo – para usar lo que obtienes en tus propios placeres/intereses – te conviertes en un oportunista, en vez de un genuino dador.

¿Sabes en lo que te conviertes? ¡En un adúltero espiritual! Es verdad, dejas a Dios como tu Fuente de Agua Viva e intentas hacer que tu cónyuge venga por ti como tu Mesías. Intentas hacer que tu cónyuge haga/diga/cumpla lo que sólo Dios es capaz, lo que sólo nuestro Salvador puede – saciar la sed más profunda de su alma. Ningún esposo(a) puede ser un buen salvador. Así que terminan saciándose en cisternas rotas (su imperfecto y finito cónyuge) que no retienen el agua. Viven en un reino donde buscan auto-saciarse, en vez de vivir en el Reino de Dios. (La paráfrasis de consejería matrimonial de Bob, se basa en Santiago 4:1-4).

¡El problema en mi matrimonio, soy yo!

Mientras Shirley y yo veíamos el video, íbamos tomando notas. Aquí les dejo nuestros puntos clave respecto a las diversas maneras en que Paul Tripp aborda la misma idea – ¡el problema de mi matrimonio, soy yo!

¿Mi matrimonio gira en torno a mí? O, ¿mi matrimonio es todo en torno a Él – acerca de la Gloria de Dios y la Gracia de Cristo?

Entonces, ¿qué es lo que hace Dios en el matrimonio?

Entonces, ¿qué sigue?

Escrito por: Bob Kellemen | Traducido por: Jorge De León y Marcela Albarrán

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